Aunque algunos avicultores seguían insistiendo, en los años 50, en aquello de que «ave de pico no hace al amo rico», lo cierto que es el inicio de la era de la avicultura industrial, con la modernización de las instalaciones de puesta, hizo evidente la rentabilidad del negocio avícola.

Juan Luis Galarza de Ingeniería Avícola, S.L., hace un repaso en
el artículo «Las instalaciones de puesta de los años 50 y las de hoy», del progreso que han experimentado los edificios del sector y de cómo éstos han
contribuido a incrementar los beneficios. El autor explica que con el establecimiento, en la década de los 50, de comederos y bebederos lineales de chapas galvanizada, con longitudes de 1 y 2 m, con sus protecciones antiaseladero y rejillas que evitaban el acceso de las aves al interior, se dio un importante paso en lo relativo a la sanidad.

Con el paso de los años, además, se iba mejorando en la modernización de las instalaciones, tanto de la edificación como de la ampliación del número de aves por plantel. Se hablaba de que con 500 ponedoras podía vivir una familia sin más recursos. A ello se añadía la llegada de las primeras estirpes de aves desarrolladas genéticamente en América, lo que hizo aumentar la producción de huevos considerablemente.
Estos factores provocaron que a principios de los 60, hubieran naves más
grandes y lotes de 1.000, 2.000 o más aves.

En esta década de los 60, la información americana orientó a los avicultores españoles a la construcción de naves prefabricadas de 100 x 12 m con una altura de 2,50 m y una distancia entre nave y nave que se aconsejaba de 2,5 veces el ancho de las mismas. También se empezaron a montar, en la parte central de la nave, unos aseladeros de listones de madera y una malla que evitaba que las aves bajasen al foso de deyecciones. Cada vez se ocupaba más parte de la nave, hasta que se llegó a cubrir toda la superficie. Sin embargo, todo esto fue superado por las jaulas en batería, primero por las de tres pisos de Tecnifer y luego por las baterías de tipo «A» llamadas California.

Y aunque el final de esta década fue de grandes pérdidas económicas, lo cierto es que en los años venideros, se siguió vendiendo cantidad de naves prefabricadas metálicas y de pórticos de hormigón ganadero.

En la actualidad, se sigue con la idea de que lo bueno es la creación de nuevas plantas de producción, de tamaño superior, que tengan unos costes inferiores a las instalaciones tradicionales y, según afirma Galarza, en el futuro, el dimensionamiento de la empresa va a ser cada vez mayor.

 

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