Retos para el sector avícola: Perspectivas y futuro estratégico después del covid-19 (y IV)

 

ÓRGANOS INMUNITARIOS

Los dos principales órganos del sistema inmunitario aviar son la bolsa de Fabricio (relacionada con las células B) y el timo (relacionado con las células T). Aquella se divide en folículos, está ocupada con linfocitos B que producen anticuerpos específicos, que circulan en el torrente sanguíneo. Los linfocitos B se producen inicialmente en la médula ósea, el hígado embrionario y el saco vitelino y luego se transfieren a través de la sangre a la bolsa de Fabricio, donde maduran a linfocitos B. La bolsa de Fabricio alcanza su tamaño máximo a las 8-10 semanas de edad y luego sufre una regresión. A las 24-28 semanas de edad, la mayor parte de la bolsa de Fabricio está muy reducida.

El timo comprende un órgano pareado situado en el cuello a ambos lados de la tráquea. Incluye cinco lóbulos donde las células T se multiplican; siendo las responsables de la inmunidad celular. Además, la memoria inmunitaria se reconoce como parte de los linfocitos que responden a la infección inicial, que se conservan y posteriormente pueden volver a activarse en respuesta a un segundo ataque por parte del mismo microorganismo. La memoria celular depende de la persistencia de las células T sensibilizadas con antígenos que son capaces de responder rápidamente a una infección secundaria.

Una respuesta inmunitaria respondiendo a la vacunación es similar a la infección primaria y da lugar a la producción de linfocitos T sensibilizados para la inmunidad celular, de anticuerpos (inmunidad humoral) o de una combinación de ambos procesos. Las mucosas comprenden varios tejidos linfoides definidos que se replican exactamente con los antígenos utilizados, y esta reacción inmunitaria puede ser bien humoral o celular.

Los cambios meteorológicos representan una carga adicional sobre la competencia inmunitaria y el estado sanitario de los animales. Varias investigaciones han demostrado que las bajas temperaturas ambientales pueden reducir la ingesta de pienso y posteriormente comprometer la función inmunitaria.

 

LA VACUNACIÓN

Una vacuna es considerada como una de las intervenciones inmunitarias más útiles debido a su capacidad para fomentar la protección contra las enfermedades infecciosas a través de la dirección específica del sistema inmunitario. La vacunación ha tenido y seguirá teniendo una importante influencia en el desarrollo y crecimiento estratégico del sector avícola, permitiendo el control y la erradicación económica y eficaz de las enfermedades. Sin embargo, la vacunación por sí sola, sin considerar factores adicionales, no es la solución para todos los problemas de enfermedades infecciosas.

En resumen, la eficacia de las vacunas también está influenciada por muchos factores, incluida la inmunidad pasiva y activa, la homogeneidad de la inmunidad de la manada, las diferencias del sistema inmunológico entre los tipos de aves, la salud de estas, las condiciones meteorológicas, la forma, la dosis y el método de administración de la vacuna, el área geográfica, la epidemiología de la enfermedad y el coste de las vacunas. Estos aspectos se examinarán más a fondo en la siguiente sección.

Las aves tienen varios mecanismos para protegerse de las infecciones y para mantener una buena salud. La inmunidad es la primera línea de defensa y las aves tienen varios mecanismos de defensa inespecíficos, como la piel intacta y los cilios del sistema respiratorio, así como un pH bajo y la flora del sistema intestinal. La mucosa de las vías respiratorias y los canales digestivos, así como en la piel, secreta lisozimas con actividad bactericida vital. Durante la pandemia de COVID-19 el desarrollo de vacunas ha recibido gran atención y ha sido reconocido como la herramienta más eficaz para la protección humana y animal y el control y la erradicación de enfermedades. La investigación para desarrollar nuevas vacunas y realizar un seguimiento de los cambios en los virus ARN y la epidemiología de las enfermedades debe seguir evitando las amenazas de las enfermedades zoonóticas. En general, la bioseguridad, la limpieza y la desinfección, así como la vacunación contra algunas enfermedades, son muy importantes para el control y la erradicación de enfermedades; sin embargo, estos programas necesitan una revisión y actualización periódicas.

 

CAUSAS DE LAS ROTURAS DEL INMUNIDAD

En la mayoría de los casos, el uso de la vacunación crea una falsa sensación de bioseguridad e higiene. En general, la vacunación no previene la infección; más bien, solo conduce a una reducción del número de brotes. Varios factores pueden llevar a la llamada ruptura de la vacuna: un transporte y almacenamiento incorrectos de las vacunas, los fallas o deficiencias de la administración y una alta presión infecciosa en un área. Además, se hallan las incompatibilidades con otros tratamientos de control y terapia, como las vacunas bacterianas vivas, el uso de antibióticos y/o la aplicación de vacunas vivas contra la coccidiosis mientras se alimenta simultáneamente a las aves con piensos con coccidiostatos.

Varios factores pueden restringir el uso y la aplicación de una vacuna, como la situación epidemiológica, el análisis del coste-beneficio, la disponibilidad de la vacuna y las regulaciones gubernamentales. Además, deben considerarse los siguientes puntos para finalizar el programa de vacunación. Como función general, la inmunidad adecuada es una necesidad obligatoria para controlar la presión infecciosa en la granja, por lo que el proporcionar procedimientos de vacunación adecuados para el control de enfermedades es esencial para garantizar el estado sanitario de las aves.

Además, en la manada podría haber infecciones subclínicas y otras enfermedades inmunosupresoras o infecciones con cepas de campo, poco antes o después de la vacunación, y/o haber una infección con cepas mutantes. Finalmente, la calidad de la vacuna resulta afectada por el número de antígenos, unas malas condiciones de almacenamiento y un manejo y aplicación inadecuados.

La aplicación de tecnologías en la producción de vacunas, como las subunidades, la genética inversa, los recombinantes y las vacunas de ácidos nucleicos puede reducir considerablemente el coste de la vacunación, garantizar una alta eficacia y permitir una intercesión rápida y fácil para hacer frente a la mutación fija de la microbiota. Asimismo, la mejora en la eficiencia de la vacuna contra las infecciones bacterianas permitirá una reducción de empleo de los antibióticos y, en consecuencia, una reducción de las bacterias resistentes a los mismos. La falta de vacunación adecuada de los animales puede provocar una reducción sustancial de la cría de aves, en particular para las poblaciones parentales, que deben recibir una mayor atención porque pueden afectar directamente a la producción de anticuerpos maternos y a la transferencia de inmunidad pasiva. Las empresas de selección deben reevaluar los programas de vacunación, higiene y bioseguridad para explotar los beneficios de la lección relacionada con el sistema inmunológico aprendida de la pandemia de COVID-19 en ausencia de vacunas.

 

RESISTENCIA GENÉTICA

La aplicación de programas de selección para mejorar la salud y el rendimiento de la producción sigue siendo un objetivo a largo plazo del sector avícola, en el cual existen deficiencias tales como unas malas prácticas de manejo, de nutrición y ambientales, y especialmente, diferentes enfermedades emergentes que pueden ser causas de enormes daños económicos. El deseo de aumentar las estrategias de mejora mediante el uso de métodos moleculares (mapas de vinculación genética) conducirá a la caracterización de genes y estructuras del genoma que están conectados con el rendimiento de la producción, el control de enfermedades y la tolerancia a las enfermedades.

Esta eventualidad permitirá la selección de líneas que sean genéticamente tolerantes a algunos patógenos. Además, la mejora del manejo, la nutrición y la crianza de las aves domésticas ayudará a mantener su confort y bienestar. Las enfermedades víricas como las de Marek, de Newcastle y la influenza aviar, así como las bacterianas, como la salmonelosis, la pasteurelosis y la colibacilosis representan unos problemas económicas por su alta mortalidad y morbilidad. Estas enfermedades son las candidatas para la aplicación de herramientas biotecnológicas para la selección para la resistencia a las mismas.

La evidencia reciente ha revelado que la selección para la resistencia a la enfermedad es un intento más prometedor que el empleo de vacunas o tratamientos farmacológicos para el control de las enfermedades de las aves. La diversidad en el material genético, la reacción inmunitaria del animal huésped y el transcriptoma se pueden emplear para identificar los genes resistentes para la prevención de enfermedades. Los genes de resistencia a enfermedades son aquellos que codifican anticuerpos, micro ARN y otros materiales que ayudan al huésped a combatir el daño causado por los patógenos.

La investigación ha demostrado que los polimorfismos de un único nucleótido y otros genes candidatos son herramientas útiles para promover la resistencia a las enfermedades de las aves. Además, el estudio de los métodos biológicos y los genes responsables de transmitir la resistencia inherente a diferentes infecciones conducirá a una mejor respuesta ante la vacunación contra diferentes enfermedades víricas y bacterianas y/o para establecer manadas de aves resistentes a las enfermedades. Esta eventualidad disminuiría el uso indebido de medicamentos y los residuos de estos en la cadena alimentaria.

Por lo tanto, una buena comprensión de los genes de resistencia a las enfermedades es esencial. Además, la mejora de la resistencia a enfermedades implica el uso de marcadores genéticos y caracteres indicadores que se pueden aplicar para la selección de enfermedades.

 

PROGRAMAS EDUCATIVOS

El éxito de cualquier programa de regulación de enfermedades depende de la higiene, la aplicación de un saneamiento adecuado en la granja, los programas de vacunación y unos programas de educación adecuados dirigidos a los productores. Esto último implica que sean útiles para aumentar significativamente la conciencia pública en torno a las medidas esenciales que se requieren para proteger a las aves contra las enfermedades zoonóticas.

Hasta ahora, los programas de educación y capacitación continua para avicultores han tenido mucho éxito ya que han mejorado y actualizado los conocimientos de los operarios y los directivos y deberían ser utilizados y desarrollados. Las lecciones aprendidas de la pandemia de COVID-19 indican que el conocimiento público y los niveles educativos son herramientas muy importantes en la protección de la salud pública y la transmisión y control de las zoonosis.

Estos proyectos educativos pueden resumirse en lo siguiente:

  1. La bioseguridad y la higiene de las granjas avícolas para mejorar la inmunidad y el control de enfermedades
  2. Las enfermedades víricas y sus amenazas y las enfermedades emergentes y su amenaza
  3. La salud de los avicultores, el control y la prevención de enfermedades zoonóticas, los derechos de los trabajadores y el bienestar en las granjas y plantas avícolas
  4. El manejo básico de las aves domésticas, así como de su comportamiento y bienestar La calidad e higiene de los productos avícolas
  5. Una actualización frecuente sobre el sector avícola

Los grupos objetivo de estos programas son los propietarios de las granjas, los trabajadores y los veterinarios. En general, los resultados esperados son mejorar los conocimientos básicos y las bases científicas relacionadas con la bioseguridad y la higiene de las aves domésticas, actualizar a las personas pertinentes con una información reciente sobre la avicultura, así como a las plantas de procesado, las salas de incubación y las fábricas de piensos para poder reaccionar de forma cruzada; y mejorar el entorno de trabajo y la seguridad.

Estos programas educativos pueden impactar positivamente en el sector, mejorar el bienestar humano y limitar las pérdidas en seres humanos y animales.

 

CONCLUSIONES

La colaboración y el comercio mundiales harán que los gobiernos de todo el mundo sincronicen su legislación actual vinculada al mercado, el control de las enfermedades, la nutrición de las aves y la concesión de licencias de medicamentos y vacunas para la práctica veterinaria, especialmente después de la pandemia de COVID-19.

El deseo del consumidor para unos productos avícolas de alta calidad afectará mucho las prácticas de producción. Por lo tanto, los directivos, los veterinarios los productores y todos aquellos involucrados en la cadena del sector avícola deberían compartir más tareas y aumentar su cooperación. La bioseguridad, la higiene y la inmunidad son las primeras líneas de defensa, quizás la mayor lección que aprendimos de la pandemia de COVID-19.

Sin embargo, el virus SARS- CoV-2 (COVID-19) no está asociado con las aves o los productos avícolas. El sector avícola debe enfocar globalmente el sistema de salud y la bioseguridad del mismo como una sola unidad, siendo ésta la lección aprendida del COVID-19 para mejorar la prevención y el programa de control de las enfermedades en las granjas Ello significa asegurar la calidad del producto e imponer nuevos programas para prevenir la transmisión de enfermedades zoonóticas, así como para mejorar la inmunidad animal innata como primera línea de prevención.

También es importante imponer regulaciones estrictas en torno a la bioseguridad animal, las condiciones higiénicas y las enfermedades zoonóticas, mejorando los programas de protección, prevención y control de las mismas en las granjas avícolas. E igualmente hay que mejorar la inmunidad animal innata como primera línea de prevención y control de las enfermedades, prestando la máxima atención a las emergentes, unificando y regulando el comercio de animales domésticos y silvestres.

Teniendo en cuenta que el trabajo avícola significa estar en primera línea y es de vital importancia, debe ser apoyado con todas las protecciones necesarias, físicas y financieras, para establecer unas medidas vitales y rentables. Esta estrategia incluiría la mejora de los antecedentes educativos de los trabajadores a través de programas de capacitación continua y de bioseguridad e higiene de los mismos, al igual que en las plantas de procesado y las de alimentación.

Estratégicamente, la pandemia del COVID-19 nos ha enseñado que la investigación debe continuar y reorientarse para descubrir nuevas vacunas. Para las granjas, se necesitan urgentemente herramientas de diagnóstico rápidas y asequibles y métodos complementarios para prevenir las enfermedades. La investigación y el desarrollo en la identificación y el control de las enfermedades de las aves no deben limitarse a aquellas ya conocidas, sino que ha de ser prospectiva e incorporar aquellas zoonóticas emergentes que puedan requerir nuevas vacunas para su control. Los programas de educación continua deben implementarse en todos los niveles del sector avícola y renovarse cada tres años. Y la aplicación de medidas clave garantizará que se prioriza la estabilidad financiera y el bienestar de los trabajadores.

 

 

HAFEZ M. HAFEZ Y YOUSSEF A. ATTIA
Frontiers in Veterinary Science, 7: 1-12. 2020

 

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