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                            Aumento de persistencia en puesta y estabilización de la calidad del huevo en ciclos de producción más largos (I)
                        Aumento de persistencia en puesta y estabilización de la calidad del huevo en ciclos de producción más largos (I)

En los últimos 50 años, la selección -inicialmente en el nivel de las razas y luego usando la genética cuantitativa, junto con una sofisticada pirámide genética -ha dado lugar a unas aves híbridas muy productivas en una variedad de caracteres relacionados con la producción de huevos. Un carácter importante que actualmente se está desarrollando aún más es la persistencia de la postura y el concepto de la “ponedora de larga vida”.

 

La persistencia en la puesta, sin embargo, no se puede lograr sin la debida consideración de cómo mantener la calidad del huevo y la salud, así como el bienestar de las ponedoras en ciclos más largos. Estos múltiples objetivos requieren el conocimiento y la consideración de la fisiología de las aves, los requerimientos nutricionales -que varían según la edad y el sistema de gestión-, el estado reproductivo y la elección de los criterios de selección aplicados. La reciente aparición de la genética molecular ofrece una considerable esperanza de que estos múltiples elementos pueden equilibrarse por el bien de todos en el sector, incluyendo las gallinas.

La ponedora de “larga vida”, que será capaz de producir 500 huevos en un ciclo de puesta de 100 semanas, por lo tanto, ya está en el horizonte, trayendo consigo los beneficios de una utilización más eficiente de los recursos decrecientes de tierra, agua y materias primas, así como una reducción de los residuos y de la huella de carbono. La ponedora comercial moderna es capaz de producir más de 320 huevos en un solo ciclo de producción si se mantiene en condiciones óptimas.

Un deterioro en el número de huevos junto con una disminución de la calidad de la cáscara son las principales razones para la sustitución de las manadas alrededor de unas 72 semanas de edad. La mala calidad de la cáscara no sólo se traduce en pérdidas económicas, sino también es causa importante de contaminación en las plantas de embalaje de huevo muy mecanizadas. La mala calidad de la cáscara a 72 semanas no significa que todas las gallinas en un manada vieja produzcan huevos de menor calidad sino que aumenta la variabilidad de los mismos. Por tanto, el mantenimiento a largo plazo de los tejidos y órganos que intervienen en la producción de huevos es un requisito previo para la ampliación del ciclo de puesta de los manadas comerciales -Dunn, 2013 -.

Sin embargo, a pesar de una gran cantidad de investigación en esta área desde hace más de 50 años, seguimos ignorando todos los procesos y mecanismos de control de la complejidad que tiene la formación del huevo y tampoco somos totalmente conscientes de las propiedades funcionales de los componentes individuales del huevo, que están demostrando ser mucho más compleja de lo que imaginamos.

Tres excelentes trabajos de revisión sobre estos temas son los realizados por Nys y Guyot, -2011-; Hincke y col., -2012-.; Rehault-Godbert y col, -2011-. Sin embargo, de cara al 2020, las empresas de selección afirman que han desarrollado la “gallina de larga vida” que será capaz de producir unos 500 huevos en un ciclo de producción de 100 semanas.

Para ello se están utilizando programas de selección que basan las decisiones en una triangulación de la evaluación fenotípica de líneas puras durante más de 55 semanas, pruebas de cruzamiento de progenie -que ahora se están llevando a cabo en diversas condiciones en todo el mundo- e información del genotipo derivada de marcadores de ADN -microsatélites y SNP- que han sido validados para mostrar una asociación con caracteres fenotípicos -O’Sullivan, 2009-.

 

Cualquier mejora en la persistencia en la puesta también debe ir de la mano con una adecuada calidad del huevo y las aves deben permanecer en buena salud durante todo el período de producción. La osteoporosis sigue siendo uno de los principales retos de bienestar para el sector del huevo -Sandilands, 2011-. Y por lo tanto no puede ser ignorada en cualquier discusión relativa a la ampliación del ciclo de puesta. En este sentido, la correcta nutrición durante todo el ciclo de puesta es de suma importancia. Por lo tanto, ya que los resultados de los ensayos nutricionales realizados hace más de 20 años probablemente ya no son aplicables, las necesidades nutricionales de las ponedoras deben ser revisadas.

 

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