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Resumen Conferencia impartida por Elías F. Rodríguez, Sheila Yubero Delgado, César B. Gutiérrez Martín y J.L. Valerio Benito, en el marco de las Jornadas Profesionales de Avicultura 2013 el martes 28 mayo a las 16:30

Campylobacter jejuni es un microorganismo Gram negativo, termofílico y microaerófilo, muy ubícuo, que en la actualidad se reconoce como la causa principal de diarrea aguda en el hombre, en todos los países. En la UE, los datos más recientes (2010) le sitúan como causa de 212.000 casos de campilobacteriosis humana, por delante de cualquier otro agente, incluidas salmonelas y eso que se reconoce que las cifras reales podrían multiplicar por 30 este valor. Al tiempo que ello, el consumo de carne de pollo contaminada o productos derivados, se estima la causa principal de contagio humano.

En las aves, C. jejuni se comporta como un comensal colonizando el intestino, especialmente las criptas de los ciegos, que constituyen su nicho fundamental, situándose a la edad de sacrificio en valores de positividad muy altos, que superan el 80% (incluso el 100%) de los efectivos de la nave. No está clara la fuente de infección primaria (pueden ser numerosas: roedores, aves silvestres, insectos, etc) pero establecida la infección en el primer animal, alrededor de las 2-3 semanas (cuando se produce la caída de los anticuerpos maternales), en el término de pocos días, la mayoría de las aves están colonizadas.

En relación con las oportunidades para el control en las aves, son fundamentales, por un lado, la comprensión de los factores que condicionan su supervivencia, tanto a nivel intestinal como en el medio ambiente y, por otro, cuanto se refiere al proceso de colonización y sus peculiaridades. Aunque su conocimiento está lejos de ser completo en la actualidad, comienza a irse conociendo la complicada base genética que regula lo uno y lo otro y algunas moléculas se están revelando como potenciales candidatos vacunales. Se enumeran, en el primer caso, por ejemplo, su gran plasticidad genómica, que le permite adaptarse a situaciones hostiles, o la variación de fase, igual que su resistencia al frio, calor o ácidos y, en relación con la colonización, que permite el comensalismo, se incluyen la estructura flagelar, funcional para el movimiento o la secreción de moléculas que permiten la invasión, con la quimiotaxis, resistencia a la bilis, moléculas superficiales funcionales en la evasión inmune, sistemas reguladores de cambios, proteínas de shock térmico y reguladores, adhesión e invasión, abastecimiento de Fe y sistemas defensivos del estrés oxidativo y nitrosante, etc.

En relación con el control, debe comenzarse señalando que hasta la fecha no se dispone de recursos eficaces para reducir la carga de C. jejuni a la entrada del matadero y ello exige hacer uso de múltiples medidas más o menos de convencionales, como es el caso de las prácticas de higiene y bioseguridad, tratamiento del agua de bebida, utilización de aditivos en el pienso (principalmente ácidos orgánicos y otras sustancias con diferencias entre los resultados in vitro e in vivo, muchas veces con resultados contradictorios), bacteriófagos (con buenos resultados, aunque el animal se recupera pronto, por lo que se proponen para el tratamiento en los días previos al sacrificio, con reducciones de entre 2 y 3 log), probióticos y prebióticos (Lactobacillus, Streptococcus o Enterococcus, etc.) funcionando principalmente por exclusión competitiva, aunque no solo, y manooligosacáridos, con resultados unas veces prometedores y muchas más contradictorios), bacteriocinas (de importante potencial antimicrobiano y resultados muy prometedores) y vacunas. Estas últimas centran en la actualidad importantes investigaciones, aunque hasta la fecha no se dispone de ninguna comercializada. A nivel experimental se incluyen productos inactivados, vivos atenuados o fracciones antigénicas en forma de vacunas de subunidades. Entre estas últimas se han obtenidos buenos resultados con proteínas de la membrana externa (por ej., OmpH1 y Omp18) igual que con una subunidad flagelar (FlaA) o las proteínas CadF, CfrA o PEB1.

Como quiera que sea, puede afirmarse que, al menos potencialmente, la mayoría de los factores de colonización pueden considerarse candidatos vacunales, por esa razón se ha demandado como una necesidad imperiosa y urgente el incre- mento de los estudios a nivel básico con el fin de esclarecer definitivamente el complejo mecanismo que conduce a la colonización persistente en las aves, en la confianza de encontrar recursos que puedan resolver la situación.

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