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Pese a las consecuencias negativas, también hay sectores que están aprovechando las opciones que la situación pueda brindar, empezando por los productores de huevos ecológicos alemanes, que están viendo cómo aumentan notablemente sus pedidos
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Cuando salta a la luz un escándalo como el ocurrido a principios de año en Alemania con la contaminación por dioxinas, no tardan en llegar estimaciones de pérdidas en ventas, cruce de acusaciones y la consecuente confusión del consumidor, pero posiblemente en algunos casos las consecuencias no sean tan graves como al principio nos las pintan. La palabra «krisis» viene del verbo griego «krinein» que significa «separar» o «decidir». Se refiere, por tanto, a una situación que hay que analizar y que puede anticipar cambios. Los chinos relacionan este vocablo también con el concepto de «oportunidad», que tantas veces se nos escapa.

Un ejemplo de cómo la situación puede exagerarse o manipularse -consciente o inconscientemente- influyendo en el consumidor puede ser la encuesta que publicó un medio de comunicación alemán sobre el grado de confianza del consumidor frente a la «crisis», apenas unos días después del escándalo, cuando aún no se disponían de datos suficientes para saber el alcance de la situación.

Evidentemente, consecuencias negativas se han producido. Las conclusiones a las que hasta ahora ha llegado la RASFF sobre el caso alemán pasan por el hecho de que las toxinas nunca deberían haber llegado a la cadena alimentaria, por lo que continúan las investigaciones para aclarar el origen de la contaminación, que probablemente acabará con sanciones a la empresa Harles&Hentsch, dedicada a la distribución de grasas industriales para la fabricación de piensos. Esto es al menos lo que exige la Federación Alemana de Agricultores, que ha solicitado que la empresa corra con las pérdidas, que actualmente se cifra en 100 millones de euros, con miles de animales sacrificados y destruidos y a día de hoy todavía unas 900 granjas cerradas. En cuanto al consumo, a pesar de los esfuerzos por parte del Ministerio de Agricultura alemán por convencer al consumidor de que la situación estaba controlada y que no había peligro, un 25% de los alemanes anunciaban su rechazo al consumo de huevos. Por ello, el sector del pollo estima caídas del consumo de entre un 10 y un 20%. No han faltado países como Corea del Sur, China, Dinamarca y Eslovaquia que vetaran o endurecieran sus controles fronterizos a los productos alemanes.

Sin embargo, pese a estas consecuencias, también hay otros sectores que están aprovechando las oportunidades que la crisis pueda brindar, empezando por los propios productores de huevos ecológicos alemanes, que están viendo cómo aumentan notablemente sus pedidos (otra encuesta apuntaba que un 79% de los alemanes está dispuesto a pagar más por alimentos de mayor calidad). En Inglaterra, por su parte, ha pasado algo similar con los huevos con el sello Lyons: se ha intensificado el consumo interno.

En España, la situación no ha sido alarmante tampoco. Hace unos días, tras los mensajes tranquilizadores de CESFAC y PROPOLLO sobre el hecho de que no se han importado productos sospechosos procedentes de Alemania, el presidente de la Interprofesional incidía en esta idea de oportunidad, apuntando que quizás esta crisis podría ser una opción para la exportación española, puesto que el Estado alemán se verá obligado a comprar huevos de los países de su entorno. Y, aunque España no está entre sus principales proveedores, juega a su favor tanto la calidad del producto que puede ofrecer como el hecho de ser el segundo productor de pollos de Europa.

Afortunadamente, la situación no es comparable con la crisis de las dioxinas belgas de 1999, como ya ha advertido la propia Organización Mundial de la Salud Animal (OIE), recordando que en el caso actual la tasa de dioxinas excede en tres veces el máximo permitido por la normativa europea, frente a las más de 900 veces que se dio en Bélgica. Además, en aquella ocasión las grasas belgas llegaron a España, que tuvo que inmovilizar varias partidas contaminadas en diversas comunidades autónomas.

Por otra parte, otra buena noticia ha sido la aprobación de las nuevas medidas por parte del Gobierno alemán para que la crisis no se repita, y que incluyen desde la obligatoriedad de suscribir seguros de responsabilidad civil para los productores hasta la creación de controles sanitarios más severos. Los alemanes se han puesto de acuerdo, y tras este escándalo, un apabullante 84 % de la población se manifestaba a favor de endurecer la legislación.

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