Pese a los notables esfuerzos de los grandes establecimientos comerciales por destacar el origen francés de los productos frescos, el consumo de aves en Francia ha caído entre un 30% y un 40%, según asegura la Federación Nacional de Sindicatos de Explotaciones Agrícolas (FNSEA).
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Los consumidores franceses no olvidan que algunos de los pollos procedentes de Bélgica y sospechosos de estar contaminados de dioxina fueron comercializados bajo etiqueta francesa.
Los sindicatos de agricultores, que temen ahora la caída en picado de sus
exportaciones, han pedido formalmente al primer ministro Lionel Jospin que
prohíba lisa y llanamente el uso de los piensos de procedencia animal. El
Gobierno de París, partidario de que la prohibición sea aplicada en el conjunto de
la UE, reflexiona sobre la conveniencia de adoptar tal medida.

«La crianza industrial y la producción agroalimentaria a gran escala y a precios
cada vez más reducidos nos conduce directamente a las catástrofes sanitarias», ha
dicho Jean-François Mattei, diputado de Democracia Liberal (DL). El
parlamentario sabe de lo que habla porque fue él el redactor del informe sobre el
efecto de las vacas locas, un problema que no ha sido enteramente resuelto en
Francia.

Los primeros análisis toxicológicos de dioxina practicados sobre muestras de
leche de vaca procedentes de animales sospechosos de haber consumido los
piensos contaminados belgas no han dado positivo.

EL PAIS [11-Jun-99] Etiquetas:

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