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La Comisión Europea propuso el pasado jueves 7 etiquetar cada huevo vendido en la UE con un sello que informe al consumidor del sistema de cría de las gallinas.
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Los consumidores preocupados por el bienestar de las gallinas ponedoras y que prefieran los sistemas de cría al aire libre a las jaulas en batería, dispondrían así de una información clara, según Bruselas.

El proyecto prevé que cada huevo vendido en la Unión Europea (UE) indique, tanto en la cáscara como en los envases, el método empleado.

Según el comisario europeo de Agricultura, Franz Fischler, «la presente propuesta refleja nuestra voluntad de proporcionar un máximo de información garantizando así la libertad de elección, ya
que los consumidores están cada día más preocupados por el modo de producción de los huevos».
«Ese régimen de etiquetado obligatorio reforzará las reglas sobre el bienestar de los animales que adoptamos el pasado año para proteger a las gallinas ponedoras», añadió.

En 1999 los Quince aprobaron una nueva directiva que pretende mejorar, a partir del 2003, el confort de las gallinas situadas en jaulas aumentando el espacio disponible para cada animal, y que suprime ese sistema de producción a partir del 2012.

Los productores ya manifestaron entonces su malestar debido a que los nuevos estándares exigidos por la Unión Europea (UE) requerirán inversiones considerables que se traducirán en un encarecimiento de los precios al consumo.
El proyecto propuesto por la Comisión insiste, sin embargo, en que «el modo de cría de las gallinas se ha convertido en un factor prioritario para los consumidores».

El nuevo etiquetado que propugna Bruselas, consistente en una marca distintiva o en un código que mencione el número distintivo del productor, se aplicaría tanto a los huevos producidos en el
mercado comunitario como a los procedentes de países terceros.
Los huevos de países terceros cuyas prácticas no sean equivalentes a las autorizadas en la UE tendrían un sello con la mención «modo de cría indeterminado» o con la indicación del origen.
Ello «aseguraría la diferenciación de esos huevos de los marcados conforme a los modos de producción comunitarios y haría imposible un marcado ulterior con indicaciones engañosas», agrega el proyecto.

Además de la mención relativa al tipo de cría de las gallinas, las cáscaras de los huevos podrían contener otras informaciones facultativas, como la fecha de caducidad, la categoría de la
calidad, el peso, el origen de los huevos, el código de identificación del productor, la marca comercial, y el nombre y el número distintivo del centro de embalaje.

Bruselas propone, por otra parte, que los huevos de la categoría «B» (de segunda calidad o conservados), que representan una pequeña parte del mercado, no sean vendidos para consumo directo, sino destinados únicamente a la industria de transformación.
El Ejecutivo europeo es partidario, por lo tanto, de fundir esa categoría con la «C» (huevos para industria) en una sola y nueva categoría «B», pues la mayoría de los productores, según Bruselas,
prefieren suministrar al público huevos de primera calidad, clasificados bajo la categoría «A».

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