La soja se ha convertido en el principal enemigo de la selva y se expande a
un ritmo de 1 millón de hectáreas al año. La Amazonia
tiene un nuevo enemigo de apariencia inofensiva, diminuta, casi invisible. Una
planta de estatura tímida para el hábitat selvático, de
frutos pequeños. Es una legumbre de alto contenido proteico que se utiliza
para fabricar aceite, mantequilla y otros productos alimenticios. Aunque se
usa principalmente para producir piensos compuestos para animales. Se llama
soja y es la principal responsable de la deforestación amazónica
de los últimos años. Ahora las esperanzas están en ver
cómo se materializa el acuerdo firmado recientemente entre los productores
de aceites vegetales y los exportadores de cereales según el cual se
comprometen a no comercializarla soja que se plante en zonas deforestadas a
partir del próximo octubre.
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La soja se ha convertido en el principal enemigo de la selva y se expande a
un ritmo de 1 millón de hectáreas al año. La Amazonia
tiene un nuevo enemigo de apariencia inofensiva, diminuta, casi invisible. Una
planta de estatura tímida para el hábitat selvático, de
frutos pequeños. Es una legumbre de alto contenido proteico que se utiliza
para fabricar aceite, mantequilla y otros productos alimenticios. Aunque se
usa principalmente para producir piensos compuestos para animales. Se llama
soja y es la principal responsable de la deforestación amazónica
de los últimos años. Ahora las esperanzas están en ver
cómo se materializa el acuerdo firmado recientemente entre los productores
de aceites vegetales y los exportadores de cereales según el cual se
comprometen a no comercializarla soja que se plante en zonas deforestadas a
partir del próximo octubre.

En muy poco tiempo la soja casi monopoliza la devastación, que antes
era de los madereros. Mientras en los últimos años han desaparecido
70.000 km2 de selva, la soja se ha expandido al ritmo vertiginoso de 1 millón
de hectáreas anuales. Entre 2001 y 2004, la superficie de los cultivos
de soja aumentó en Brasil
un 13,5%, según el Instituto
de Pesquisas Aplicadas
. Brasil ya cuenta con 23 millones de hectáreas
cultivadas y, con una cosecha anual de 50 millones de toneladas, se ha convertido
en el primer productor mundial de soja.

Esta tragedia de deforestación, de destrucción, de familias desplazadas
y de extorsiones se intensificó hace tres años, cuando la multinacional
Cargill
inauguró un puerto privado en Santarém, ciudad situada en el tramo
medio del Amazonas. El puerto se construyó sin los estudios de impacto
ambiental requeridos por el Ministerio de Medio Ambiente. De marzo de 2005 a
febrero de 2006, Cargill exportó más de220.000 toneladas de soja
desde Santarém a Liverpool, lo que representa más de un 30% de
las importaciones británicas de soja. Durante el pasado mayo, Greenpeace
emprendió una campaña para denunciar el lado oscuro de la soja.

El cooperante catalán Raúl Vico, de la ONG
Ansa
, asegura que la soja a gran escala es la responsable de la devastación
en la región del río Araguaia, en Matto Grosso. «La obsesión
exportadora del Gobierno Lula y las multinacionales están desplegando
todo su poder de depredación, acabando con uno de los bosques más
ricos del mundo y con la cultura y las formas de vida de pueblos enteros»,
afirma.

La mafia de las notarías falsifica títulos de propiedad que luego
vende como si fueran válidos en todo el mundo. Las multinacionales ocupan
tierras con títulos falsos. Mientras tanto, la soja avanza. Cargill facilita
a los agricultores hasta un servicio de préstamo de excavadoras para
deforestar con facilidad. Por si fuera poco, como los bancos brasileños
no pueden conceder créditos a quienes no tengan títulos de propiedad,
Cargill tiene un ventajoso sistema de préstamos para pequeños
campesinos.

El proceso de la soja, al contrario de lo que proclaman los empresarios y las
autoridades, no genera empleo, porque está prácticamente mecanizado.
Además, la soja transgénica utiliza una gran cantidad de productos
agrotóxicos: no en vano, Brasil es el tercer consumidor mundial de agrotóxicos
y la soja absorbe el 50% de los agrotóxicos, un total de 4,5 millones
de dólares anuales, según la Agencia Nacional de Vigilancia Sanitaria.

La campaña internacional de Greenpeace y su demoledor informe Comiendo
la Amazonia han provocado los primeros resultados. Ante la reacción de
los consumidores, empresas como Cargill, la francesa Dreyfus o la misma Amaggi
se han sentado a negociar con los movimientos ecologistas. Y firmaron recientemente
con la Asociación Brasileña de la Industria de Aceites Vegetales
y la Asociación Nacional de Exportadores de Cereales una declaración
de intenciones
para crear un grupo de trabajo que garantice la procedencia
sostenible de la soja.

(Fuente: La Vanguardia)

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