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Nueva Zelanda irá progresivamente eliminando las gallinas alojadas en los sistemas convencionales de jaulas en batería durante los próximos diez años. A mediados de diciembre, un nuevo código de bienestar animal entró en vigor, por el que se prohíbe instalar a las ponedoras en las baterías de puesta. Los que ya existen se irán progresivamente sustituyendo antes de 2022, que es la fecha en la que definitivamente estarán prohibidos en cualquier granja.

El ministro de Industrias Primarias, David Carter, declaró que era necesario este cambio, provocado por una fuerte opinión pública y “evidencias científicas”. Sin embargo, aclaró que una prohibición más inmediata no era posible, ya que tendría efectos negativos sobre el precio de los huevos –lo que ha ocurrido en Europa- en la estructura de la industria y en la estabilidad de los suministros.

La Federación de Productores de Huevos ha argumentado que el tiempo de adaptación es demasiado corto y que forzará a algunos granjeros a dejar sus negocios. En Nueva Zelanda el 80% de los huevos proceden de jaulas convencionales en batería. Por su parte, las asociaciones animalistas tampoco están de acuerdo porque consideran que la normativa es demasiado laxa y continúa permitiendo el sistema de jaulas.

Se estima que el coste de cambiar de un sistema de alojamiento a otro costará a los granjeros 150 millones de dólares como mínimo. Si el cambio es hacia un sistema de gallinas en libertad, los costes se disparan hasta 250 millones de dólares.

Consultar nota de la Asociación de Veterinarios de Nueva Zelanda.

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