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El científico y descubridor de la primera vacuna contra la malaria encuentra los principios químicos que permitirán crear vacunas para prevenir prácticamente todas la enfermedades infecciosas del mundo
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El científico y descubridor de la primera vacuna contra la malaria, Manuel Elkin Patarroyo, ha hallado los principios químicos que permitirán crear vacunas sintéticas para prevenir prácticamente todas la enfermedades infecciosas existentes en el mundo. Tras más de 30 años de investigaciones, Patarroyo ha informado de su hallazgo:

Se trata de «un decálogo de principios, de reglas, que cuando se aplican permiten producir vacunas contra las distintas enfermedades que existen en el mundo; podremos así cubrir prácticamente las 517 enfermedades infecciosas», afirmó.

De esas 517 enfermedades, sólo 15 tienen vacuna, motivo por el que Patarroyo y su equipo de la Fundación Instituto de Inmunología de Colombia (FIIC) afrontaron «el problema desde el punto de vista de la química», un hito en la ciencia ya que las únicas existentes se desarrollaron a partir de la biología. Una vez introducido el microbio en el organismo a través de la picadura del mosquito y alcanzado el hígado, «reconocimos las proteínas o moléculas que el parásito utiliza para pegarse a las células que va a infectar y luego averiguamos su estructura química tras hacerlas fragmentos», relató el doctor.

«Eso, per se, es un gran descubrimiento, pero esos fragmentos no se pueden utilizar como vacunas porque el sistema de defensas es ciego, no los ve», agregó, al explicar que esa ceguera del sistema inmunológico es la que permite a los microbios esconderse en el organismo.

La solución fue modificar los fragmentos a través de la química, es decir, crear proteínas sintéticas e idénticas a las de las únicas partes del microbio capaces de adherirse a los glóbulos rojos para después cambiar el orden de los componentes. Esta fórmula deja visibles las moléculas antes irreconocibles por el sistema inmunológico.

Patarroyo lo explica con palabras sencillas: «darle la vuelta a los deditos de las manitas del microbio» para hacerlos visibles, en alusión a las únicas partes que se pegan a las células porque el resto del parásito no contagia y por tanto no sirve para la elaboración de la vacuna, al no garantizar la prevención de la enfermedad al cien por cien. «Así la molécula (copiada químicamente y después modificada) se vuelve altamente productora de anticuerpos, de defensas, y puede ser utilizada como vacuna», matizó.

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Efe

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