Cada vez más se evidencia la necesidad de administrar piensos específicos para cada edad o estado productivo de los animales con el fin de obtener el máximo rendimiento alimenticio.
El número de piensos diferentes que se pueden administrar en una explotación cunícola está en claro conflicto con el manejo en la explotación. A cuantas más clases de pienso mayor complejidad y más fácil encontrar errores en su utilización.
Las necesidades alimentarias de un animal de 55 días son diferentes a las de un animal de 40 días de vida y, asimismo, también lo son respecto a las reproductoras.
A pesar de que los requerimientos alimentarios son diferentes en las distintas fases productivas, los piensos
son utilizables, generando a menudo un uso indebido de ellos con los consiguientes riesgos sanitarios que conlleva.
Es importante siempre calcular el pienso que se va a consumir en la granja y no pedir más pienso del necesario. Es aconsejable que el periodo máximo de estancia de un pienso en el silo sea inferior a 30 días.
El pienso pierde sus cualidades organolépticas y nutritivas con la exposición al sol y a la intemperie.
Su almacenamiento en silos metálicos somete el pienso a temperaturas muy elevadas y a cambios de temperatura que lo degradan, llegándose a producir fácilmente condensaciones y humedades en su interior. [leer más]

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