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facebookÉste fin de semana se celebra en Catalunya la iniciativa “Benviguts a Pagès” (Bienvenidos a Payés), que acercará al consumidor al sector primario que, pese a incidir diariamente en la alimentación de la sociedad, es un gran desconocido desde hace ya muchos años. Hasta once granjas avícolas se han unido a éste proyecto, que agrupa también explotaciones de ganado, acuicultura y explotaciones agrícolas.

Una de las instalaciones avícolas que se han sumado a “Benviguts a Pagès” es la granja de Cal Roio, ubicada en la sierra del Catllaràs, en el pre-pirineo catalán. A continuación pueden ver una entrevista realizada a su propietaria, Martina Marcet, que se ha publicado en La Vanguardia.

 

 

Martina MArcet, propietaria de la granja Cal Roio junto con su padre y su hermano. Foto de Gemma Miralda (La Vanguardia)

Martina Marcet, propietaria de la granja Cal Roio junto con su padre y su hermano. Foto de Gemma Miralda (La Vanguardia)

Cuántos gallos campan por aquí?

Unos 1.500 gallos. ¡Mira qué guapos!

Hijos de dinosaurio.

Sí, te aseguro que al mes de vida, con ese cuello sin plumas, ¡caminan y se mueven como los dinosaurios de las pelis!

¿Van a su aire?

Mira aquellos, tumbados; aquel, revolcándose… Al gallo, animal de bosque, le gusta agazaparse entre arbustos y zarzas, buscar sombras, emboscarse…

No lo sabía.

Porque te has acostumbrado a verlos en gallineros, has visto gallinas ponedoras estabuladas industrialmente.

Es verdad.

No lo verás en esta granja: los gallos corretean por la montaña vallada y bajan a este corral a comer grano, a refugiarse, a beber agua, infusiones…

¿Infusiones?

Infusionamos romero, tomillo, ajedrea… en el agua: refuerza su sistema inmunitario y combate enfermedades aviarias.

Estarán felices, estos pollos.

Gozan de bienestar, comen sano y viven en sintonía con el medio ambiente. Los amo y los mimo para que den la mejor carne.

Un amor sin sentimentalismos.

Con los gallos es fácil, no son mamíferos, pero los terneros… cuesta más. Te los enseño.

¡Qué buena pinta!

Cumplen también todos los requisitos de la carne ecológica: comen forraje y piensos de harinas de cereales no transgénicos, sin fármacos de síntesis ni antibióticos.

Son terneros jovencitos.

Estos cuatro, el resto anda pastando libremente por la montaña. Me gusta darme paseos para ver a las vacas.

¿No se aburre?

No. ¡Es la vida que he elegido! Criar a estos animales, vender su carne y vivir aquí, entre bosques y cielos.

¿Lo eligió… o no le quedó otro remedio?

Nací aquí: desde niña quise ciudad. Me fui a los 18 años, viví en Barcelona, me licencié en Sociología, cursé un máster de Filosofía.

¡Toma ya! ¿Y entonces? ¿No encontró trabajo?

Sí, trabajé en una cooperativa de carácter social. ¡Siempre he querido que mi trabajo sea útil! Pero hace cuatro años hablé con mi padre y…

¿Desde cuándo vive su padre aquí?

Mis padres subieron aquí en 1979, hastiados del crecimiento desaforado de Rubí. Mi madre trabaja en un hospital comarcal y mi padre hizo de albañil y construyó esta granja.

¿Y qué me decía que habló con su ­padre?

Que entre él y yo y mi hermano, al que ahora verás en el obrador partiendo pollos, viviríamos de este proyecto en esta granja.

¿Partiendo pollos?

Los lunes los llevamos al matadero, y los martes los despiezamos en este obrador, míralo tú mismo. Los colocamos en bandejitas a cuartos, mitades, o pollos enteros, o pechugas, muslos… Sacrificamos y troceamos unos 80 pollos por semana. Y un ternero al mes: 180 kilos de carne.

¿Y en qué consiste su proyecto?

En vivir de esta granja, beneficiando al entorno natural y también a la salud alimentaria: vendo esta carne, saludable y de calidad, a personas que yo conozco personalmente.

¿A quiénes?

Cinco clientes particulares, cuatro cooperativas de consumo, tres carnicerías… Mañana cargo en mi furgoneta refrigerada estas bandejas de pollos, y también paquetes de cinco kilos de nuestra carne de ternera, ¡y a conducir hacia abajo!

¿Adónde va?

Hago ruta, con los pedidos ya cerrados, y voy entregándolos: Mollet, Tiana, Vilassar, Badalona, los dos Vallès, Sant Cugat, Barcelona…

¿Es viable su granja?

Sí, no quiero una explotación industrial, sólo que sea sostenible y darme un sueldo. Y tener la maravillosa libertad de trabajar para mí misma, ¡no para enriquecer a terceros! Que cada minuto revierta en mi proyecto.

Autoempleo total.

Sigo a John Stuart Mill, defensor de la autonomía del individuo, hombre y mujer, y también soy comunitarista: mi utopía sería una sociedad sin dinero.

Difícil…

Cada uno aportando, retornando algo a la comunidad. Yo soy útil, contribuyo a la soberanía alimentaria: el que come mi carne sabe qué come, y sin intermediaciones ni despilfarros.

Ya veo que se quedará usted aquí.

Los tres primeros años han sido duros: desplumando pollos, me decía “¿qué hago yo aquí?” ¡Pero quiero esto! El acceso a la tierra es lo más difícil, ¡y yo ya lo tengo! Y puedo ir una tarde por semana a disfrutar de un curso de escritura en Barcelona. Mi padre nos cocina lo del huerto. Lo tengo todo.

¿Y no querrá crecer?

Sí, crecer en calidad, no en cantidad. Ahora mi trabajo tiene sentido, soy útil a los demás y coherente con mis ideas. Dime: ¿se puede tener más?


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