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Lecciones del coronavirus: reordenando las prioridades

De los grandes problemas y desafíos debemos extraer lecciones para el futuro. Las crisis nos revelan de repente realidades que no veíamos bajo la dinámica de la rutina. De repente llegó a nuestra vida el Covid-19 y es esencial tener médicos y enfermeras formados y comprometidos, hospitales, equipamiento sanitario, material de protección, y solidaridad. Y no depender de terceros, aunque parezcan amigos, porque ante la escasez, “yo, primero”.

También es esencial comer cada día, y contar con las infraestructuras y personas que nos permiten poner alimentos en los hogares. O sea, agricultores y ganaderos, industrias agroalimentarias, de logística y transporte, canales de distribución eficientes y con amplia cobertura territorial, y miles de empresas y personas que ayudan a que todo lo anterior funcione para dar un servicio fundamental. Esto puede parecer algo menor si solo vemos la realidad de España y la UE, donde ha habido abastecimiento suficiente en la situación de alarma.

Pero en Estados Unidos los precios de los huevos se han duplicado y en México están en situación similar, ante el aumento imprevisible de la demanda de alimentos básicos que pudieran escasear. Mientras los más desfavorecidos se quedan sin comida, salud ni trabajo, los que pueden acaparan y especulan.

En otro país las redes sociales han provocado el caos. En India, un bulo masivamente difundido que relacionaba el consumo de carne de pollo y huevos con el contagio por el Covid-19 ha hundido el sector productivo y comercial avícola, y millones de pequeños empresarios arruinados difícilmente sobrevivirán sin ayuda.

Aprovechemos los días de confinamiento y, además de charlar con amigos y fortalecer vínculos con quienes son importantes para nosotros, reflexionemos sobre lo que es realmente imprescindible en la sociedad: la función de sanitarios, agricultores, transportistas y empleados de las tiendas, veterinarios, maestros, policías, basureros, periodistas, investigadores, farmacéuticos y tantos otros que trabajan sin ser vistos en actividades que mantienen nuestra calidad de vida. Nuestro agradecimiento a todos, y entre ellos, especialmente a todas las personas de nuestro sector.

Aunque el precio a pagar ha sido muy alto, vale la pena ahora reflexionar y corregir errores pasados para no repetirlos. Hay que aprender la lección sobre lo que es esencial y priorizar las políticas y presupuestos que lo refuercen.

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