¿Quién manda aquí?

Está claro que nuestra sociedad y el mercado no se rigen solo por las normas que publican el BOE o el DOCE. En alimentación, las certificaciones privadas, las especificaciones de los clientes, las tendencias sociales o el activismo marcan cada vez más la evolución de oferta y demanda. Mientras que las leyes de los gobiernos democráticos suelen apoyarse en programas políticos votados por sus ciudadanos y con participación de los mismos en su elaboración, no podemos decir lo mismo de las otras. Personas, empresas y organizaciones privadas que solo se representan a sí mismas promueven iniciativas sobre el futuro de la alimentación que justifican en aras del interés general pero cada vez resultan más sospechosas.

Grandes fortunas como los Stordalen, en Noruega, apoyan desde su fundación los estudios y publicaciones del proyecto EAT que, con pretendida base científica, proyectan la dieta para un mundo sostenible, basada en vegetales. Sus teorías se han colocado en la agenda global con el altavoz de la revista Lancet y eventos de enorme repercusión mediática. Su presidenta, Gunhild Stordalen, tendrá un papel destacado en la Cumbre de sistemas alimentarios de las Naciones Unidas del próximo mes de septiembre.

Bill Gates, fundador de Microsoft, multimillonario y reconocido filántropo, comparte escenario en el foro de Davos con los protagonistas de la economía y la política mundiales. Es el segundo mayor donante de la Organización Mundial de la Salud – OMS – y en su reciente libro pide a las naciones ricas que coman carne sintética y apuesta por «forzar» su consumo para reducir el calentamiento global. Además de ocuparse de su Fundación, Gates es accionista de varias empresas que desarrollan carne artificial. Y afirma que presionará a los gobiernos para que regulen su comercialización.

Open Philanthropy es una entidad creada por el exfundador de Facebook Dustin Moskovitz y su esposa, Cari Tuna. Desde 2016 ha financiado con más de 132 millones de dólares a organizaciones animalistas y veganas en todo el mundo para impulsar cambios legislativos, presionar a las empresas de la cadena alimentaria para alterar la demanda de productos ganaderos – eliminar los huevos de gallinas en jaula, por ejemplo – y dañar la percepción pública de la ganadería. Casi 1,8 millones de dólares donados al periódico británico The Guardian se destinan a publicar semanalmente artículos “contra la ganadería industrial y la crueldad animal”.

Son solo ejemplos de una preocupante realidad: La del poder económico vestido de altruismo que influye en la investigación, en las políticas nacionales y mundiales, en los movimientos sociales, en la opinión pública y el mercado para lograr sus objetivos. Pero ¿son nuestros objetivos? Hay que preguntarse si el futuro de la alimentación en el mundo (entre otras cuestiones muy relevantes) se decidirá por mecanismos democráticos o bastará con votarlo en Facebook.”

 

María del Marc Fernández Poza
Directora de ASEPRHU

 

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