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Abriendo el 2020 con el cambio climático

EDITORIAL

Poniéndonos a redactar estas líneas faltando poco para finalizar el año, una circunstancia nos mueve a enfocar nuestro habitual comentario con las últimas imágenes que hemos tenido del ejercicio anterior: las del COP25, la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, recientemente celebrada en Madrid. Sin ninguna duda por nuestra parte acerca de la gravedad del problema y del compromiso de la gran mayoría de gobiernos de todos los países para afrontarlo, no podemos dejar de pensar en la responsabilidad humana en el mismo, tanto por aquello en lo que cada uno de nosotros hemos contribuido, de forma individual, con nuestra ignorancia, como por la de los Gobiernos, sin afrontarlo de cara desde hace años, cuando eran conscientes de él.

Sin embargo, aunque la COP25 ha sido lo inmediato que nos ha hecho reflexionar, una vez más, sobre la gravedad del problema, es posible que, en general, haya pasado desapercibida una de las conclusiones del informe con las que, unos meses antes, se había manifestado el Panel Internacional de Expertos sobre el Cambio Climático – IPCC – al decir que “el planeta necesita un cambio del modelo alimentario para combatir la crisis climática”.

Lo malo es que, acogiéndose a ello y olvidándose del derroche de alimentos – según este informe, responsable del 10 % de todos los gases de efecto invernadero -, algunos medios hayan apuntado a la producción de carne como la causa de todos los males, abogando por las alternativas vegetales, los productos ecológicos o sin GMO, la ganadería extensiva, etc.

De acuerdo con que muchas personas comen muy mal, abusando del consumo de carnes rojas, grasas saturadas, azúcar, etc., lo que conduce a problemas de sobrepeso, obesidad, diabetes, etc. Pero, por otra parte, actualmente una buena parte de la sociedad ya está concienciada en ello y así nuestros hijos y nuestros nietos ya saben lo que es la pirámide de los alimentos y lo que preferentemente deberían comer para mantener una buena salud.

Pero, siguiendo esta línea, todo ello no debería servir para confundir al consumidor en general, como podría ocurrir con algunos aspectos de la actual propuesta del proyecto de Reglamento de producción ecológica de la UE, cuya discusión y aprobación están previstas precisamente para comienzos del 2020.

 

CON EL CAMBIO CLIMÁTICO

Porque en nuestro caso precisamente se da la paradoja de que aun siendo España líder europeo en la superficie destinada a cultivos ecológicos, en cuanto a la producción estemos en la cola, por ejemplo, en huevos solo un 0,9 % de todos los producidos, cuando otros países muestran cifras de uno o dos dígitos. O aquella otra que ocurre al no permitirse – ya con el Reglamento anterior – la utilización de aminoácidos de síntesis en la alimentación de las aves y ver como la Administración hace la vista gorda ante el uso de estos en los piensos de las gallinas – como no puede ser de otra forma, si se desea alimentarlas de forma equilibrada -.

En fin, vivir para ver.

 

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