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AHORA LE TOCA AL POLLO

Este artículo bien podríamos haberlo titulado “El pollo del futuro (II)”, rememorando lo indicado en aquella primera parte, publicada en SA en octubre del 2018, cuando advertíamos de un posible peligro para este sector: la aprobación por el Parlamento Europeo, en octubre de aquel año, de una Resolución instando a la Comisión de la UE para detectar las deficiencias que pudiera haber en el bienestar de los pollos de engorde, el medio ambiente de su crianza y su sanidad.

José A. Castelló
jacastello@avicultura.com

 

 

Sin embargo, aunque la inquietud que en aquellos momentos manifestábamos aun no está despejada, ahora queremos referirnos a otra nueva circunstancia que no hace más que añadir nueva leña al fuego. Y que conste que con ello no acabamos pues, terminado ya este texto, la muy reciente petición de un potente “Lobby” europeo para aplicar un nuevo impuesto a todas las carnes, incluida la de pollo, para combatir el cambio climático podría significar la incorporación d gasolina a éste….

Pero, en fin, como con el comentario sobre esto último nos alargaríamos en exceso, por el momento lo dejamos aquí, queriendo confiar en el buen sentido de los políticos – aunque tal vez sea mucho pedir – para saber acertar en la resolución de unos problemas que nos afectan a todos.

Introducción

En el sector avícola, después de que los “protectores” del bienestar de la gallina hubieran conseguido convencernos del cambio del sistema de producción del huevo, de la batería a los alternativos – llámense de suelo, camperos o ecológicos – y que mientras en algunos países europeos aquellas ya hayan desaparecido de los mercados y en España también estén en franca regresión, ahora parece que es el sector del pollo el que debe preocuparse, por tal como están yendo las cosas.

Aun no queriendo pecar de pesimistas, se nos puede argumentar que si con lo que antecede queremos advertir de un posible peligro, éste sería muy lejano pues, hasta ahora, el sector del pollo ha sabido defenderse muy bien – al menos en España -, habiendo conseguido ir elevando su consumo hasta alrededor de unos 30 kg per cápita y año – MAPA dixit, 2018 -.

Y así, salvo el desconcierto originado por la muy variada información que se divulgó. en 1999, con motivo de la crisis de las dioxinas belgas, y pese a la desafortunada traducción que se ha aireado, más de una vez, sobre la “gripe del pollo” – cuando lo correcto es llamarla “influenza aviar” –, la verdad es que, en España, este sector ha ido creciendo continuamente. Gracias a ello hemos podido disponer de una de las más valiosas fuentes de proteína animal, además asequible económicamente para todos los bolsillos.

 

Entonces, ¿de dónde viene nuestro temor?

Muy sencillamente, del mismo pollo … pero producido no como el “broiler” actual sino como “alternativo”, o con el nombre que sea, pero diferente de éste, el ave “industrial” que desde hace ya algo más de medio siglo comenzamos a entrar los españoles en nuestras granjas para inicia la crianza de las primeras estirpes de híbridos que nos llegaban entonces solo de Estados Unidos.

Y que conste ya para quienes piensen que para defender al actual broiler vamos a ir en contra de los otros tipos de pollos pues nada más lejos de la realidad, Pero ello no obsta para que intentemos dejar las cosas en su punto, advirtiendo de dónde vienen los tiros, al menos en esta controvertida Unión Europea a la que pertenecemos, para que nos coja desprevenidos.

Yendo al grano, nos remontaremos a mediados del año pasado cuando recibimos la noticia de que la bien conocida empresa norteamericana Kentucky Fried Chicken se había adherido al “European Chicken Commitment”, abreviadamente ECC – en castellano “Compromiso Europeo del Pollo” – para adquirir solo las aves producidas bajo sus normas a partir del año 2026 en 5 países europeos.

En sí, la noticia poco decía, al proceder de “Eurogroup for Animals”, un grupo paneuropeo defensor de los derechos de los animales, aunque indicando, además –traducimos textualmente – que “es una iniciativa que involucra a una gran coalición de grupos europeos de protección de los animales con el fin de destacar las inhumanas condiciones que prevalecen en la producción intensiva a gran escala de la carne de pollo”.

Dejando por un momento a este Grupo, añadiremos que el compromiso adquirido por Kentucky abarcaba a 6 países europeos: Alemania, Bélgica, Gran Bretaña, Irlanda, los Países Bajos y Suecia.

Y como no incluía entre ellos a España, uno de los mayores productores europeos de pollos, puestos al habla con la empresa en nuestro país, se nos ha indicado que, por el momento no se han adherido a tal compromiso, continuando con las normas de adquisición de pollos que han tenido hasta ahora.

¿Qué es el ECC?

En resumen, se trata de un consorcio formado por 37 organizaciones pertenecientes a 19 países, cuyo objetivo es hablar solo con una voz sobre los diversos temas que pueden afectar al bienestar del pollo, lo que hasta la fecha muchas veces no ha sido así, debido a “no operar en tándem”, según dicen.

Vale la pena indicar que, de estas 37 organizaciones, el citado Eurogroup for Animals se define como pan-europeo y otras 4 como globales, con representación en varios países, mayoritariamente anglosajones.

Entre estas organizaciones, el país más representado es Alemania – 8 grupos -, siguiéndole el Reino Unido con 6, luego Francia y Polonia, ambos con 3 y seguidamente Austria y los Países Bajos, ambos con 2.

A continuación, otros 12 países solo con una única organización, entre ellos España, con el activo grupo Igualdad Animal.

 

En resumen, los acogidos a ECC se obligan, a partir del año 2026, a exigir a todos sus proveedores de pollos, sean estos frescos, procesados o congelados, los siguientes requisitos – traducidos textualmente de su comunicado -:

1. Cumplir toda la legislación de la UE sobre bienestar animal, con independencia del país de procedencia de las aves.
2. Implementar una máxima densidad de población de 30 kg/m2 y poner freno al “aclarado”, aunque, de realizar éste, hacerlo una sola vez.
3. Adoptar razas de pollos que demuestren un mayor bienestar, como son los Hubbard JA757, 787, 957 o 987, los Rambler Ranger, Ranger Classic y Ranger Gold o cualquier otro que cumpla los criterios de la RSPCA (*) Broiler Breed Welfare Assessment Protocol.    (*) RSPCA: Real Sociedad para la Protección contra la Crueldad hacia los Animales.
4. Cumplir los siguientes standards ambientales de bienestar:
. Una intensidad mínima de iluminación de 50 lux, incluyendo luz natural.
. Al menos 2 m de aseladero utilizable y 2 sustratos para picar, por cada 1.000 aves.
. Sobre la calidad del aire, respetar los máximos requerimientos del Anejo 2.3 de la Directiva sobre el broiler, independientemente de la densidad de población.
. No emplear julas o sistemas de múltiples pisos.
5. Adoptar en el matadero un sistema de aturdido de los pollos mediante gas o de múltiples fases, o bien un sistema eficaz de aturdido sin haber tenido que colgarlos invertidos en vivo.
6. Demostrar el cumplimiento de todos estos requisitos frente a una auditoría de terceros, así como informar públicamente una vez al año de los progresos realizados sobre este tema.

Sus argumentos para convencernos

Ampliando los puntos anteriores, el ECC dice lo siguiente:

1-. Densidad animal.

Aunque hay estudios que indican que debería ser de 25 kg/m2 como máximo a fin de que los pollos tengan suficiente libertad de movimiento y evitar ciertos tipos de enfermedades, se acepta un máximo de 30 kg/m2 como compromiso, a fin de no aumentar los costes de producción.

2-. “Aclarado”.

Se utiliza para aumentar el número de aves que pueden criarse en una nave determinada, pero la captura origina un stress muy considerable tanto para los pollos capturados como para los que se dejan en ella y de ahí la propuesta de que esta práctica no se realice más que una sola vez por crianza.

3-. Genética.

Considerando que las líneas híbridas de pollos utilizadas actualmente significan una tortura genética debido a que su esqueleto y sus órganos no pueden seguir el ritmo marcado por su crecimiento muscular, se propone la crianza de otras líneas provenientes de cruces con aves seleccionadas para un crecimiento más lento.

4-. Iluminación.

Aunque algunas de las naves utilizadas actualmente disponen de entrada de luz natural y la luz artificial requerida por la legislación actual de la UE de 20 lux equivale solo a la luz lunar, se propone la obligatoriedad de disponer de ventanas y que la intensidad de luz artificial sea al menos de 50 lux.

5-. Aseladeros, sustratos para picar y calidad del aire.

Dos de las necesidades básicas de los pollos son el poder aselarse y el disponer de algún material para picar, debiendo proveerles de ambas, al mismo tiempo que vigilar la calidad del aire de la nave para evitar la presencia de amoníaco y otros gases perniciosos.

6-. El sacrificio.

En tanto que la suspensión de los pollos cabeza abajo, para su sacrificio, es causa de fracturas de huesos y otras lesiones, el baño de agua previo al mismo no siempre consigue la debida inconsciencia. De ahí la propuesta para cambiar estos sistemas.

7-. Auditorías.

Se propone una auditoría anual sobre el cumplimiento de los puntos propuestos, realizada por una entidad independiente.

 

Ante todo ello, ¿cuál es su coste?

Como cabe suponer, el implementar todas estas sugerencias ni es fácil ni barato ya que, en su conjunto, implicarían toda una serie de cambios, tanto en los criaderos de los pollos, como en los mataderos de aves.

La única información de la que disponemos por ahora al respecto son dos informes publicados por la NFU (*) en los que se explica que el cumplimiento de los requisitos exigidos por el ECC y su aplicación en el Reino Unido representaría  (*) NFU: “National Farmers Union”, Unión Nacional de Agricultores, Reino Unido.

  • – un gasto de agua superior en un 22 %,
  • – una mayor emisión de gases de tipo invernadero en un 23 %
  • – un mayor coste de producción del pollo en un 18 %.

Según la NFU, es preciso que los detallistas y el sector de la alimentación en general consideren estos costes y se aseguren de que cualquier decisión a tomar, en base de las exigencias del ECC, con el fin de una mejora del bienestar de los pollos, esté basada en la evidencia de lo que piden los compradores y de que estos sean conscientes de lo que van a aumentar los costes de producción.

 

Sin embargo, pese a esta advertencia de la NFU, además de lo antes indicado en cuanto al Kentucky Fried Chicken, la cuestión es que, en el Reino Unido las principales empresas del sector de la alimentación tienen opiniones diferentes sobre cómo actuar, porque:

  • “2 Systers” está en el camino de cambiar a las recomendaciones del ECC, con el 20 % de la producción en fresco de su planta de Devon – 200.000 pollos semanales – siguiendo las mismas el próximo octubre.
  • “Marks & Spencer”, por un lado y “Waitrose”, por otro, de momento no van a adherirse a la propuesta del ECC.
  • “Moy Park” y Avara Foods” han declinado responder sobre que parte de su producción se producirá de acuerdo con los requisitos del ECC, aunque los líderes de ambas firmas han sido recientemente muy críticos con los mismos.
  • “Tesco” está considerando el tema, aunque dicen que para este próximo otoño ya tendrán una parte limitada de sus pollos en fresco producida bajo los standards del ECC.

 

Y, aparte del Reino Unido, ¿que?

Si nos apartamos del Reino Unido – con las típicas características británicas por un lado… y ahora aún más, con el Brexit – y miramos hacia otro lado, tenemos el precedente de Alemania, con la “Iniciative Tierwhol” – ITW – a la que ya nos hemos referido en algunas ocasiones, al tratar de las reiteradas referencias a la misma, realizadas por Hanspeter Christ, en las reuniones del Grupo de Trabajo Nº 1 de la Federación Europea de la WPSA.

Solo recordaremos al respecto que el proyecto ITW – literalmente “Iniciativa Animales Sanos” – se puso en marcha en el año 2015 en Alemania y abarca una gran diversidad de productos ganaderos, incluido el pollo, para el que también han fijado una serie de requisitos para su crianza en cuanto a la densidad animal, la iluminación, los “aclarados” etc.

Pero, aunque no tan gravosos como los del ECC – por ejemplo, sin los requisitos que afectan al sacrificio … lo que es bastante importante -, nos cuesta creer que su aplicación solo signifique un aumento del coste de 0,04 € por kilo de pollo, como afirmaba Christ en la reunión del citado Grupo del 2015.

Otro ejemplo de un diferente tipo de pollo es el ya muy conocido francés “Label Rouge”, desde hace años bien acreditado en el país vecino y del que nos hemos ocupado en varias ocasiones. Un producto típico de la excelente tradición culinaria francesa, obviamente producido a un coste superior que el pollo standard y que ya ocupa un significativo 17 % del mercado de carne de ave francesa, ¡pero a un coste del doble que el del pollo standard! – ITAVI, 2019 -.

Y otro, en fin, es el pollo “Beter Leben”, también de crecimiento más lento que el broiler y al que también nos hemos referido en varias ocasiones – ver SA,octubre 2015 –, que en los Países Bajos ha sustituido a una parte importante de éste. Según Van Horne – 2015 – su coste de producción es de un 17 % superior al del broiler y tiene un mayor aporte en la huella de carbono que éste.

En resumen

Llegados a este punto, aunque nuestra intención al escribir estas líneas ha sido solo dar a conocer una noticia que, a la larga, puede afectar a todo el sector del pollo, trastocando el conjunto del actual sistema de producción en los países desarrollados, no deseamos terminar sin unas conclusiones personales sobre el futuro que prevemos para este sector.

Son las siguientes:

1. La creciente presión de los grupos europeos defensores del bienestar animal en los medios de información y los Parlamentos europeos puede hacer que en un futuro no muy lejano se endurezca la legislación de la UE sobre los requisitos de crianza actuales de las granjas.
2. Ello conllevará un aumento de los costes del pollo en vivo, que sería mucho mayor si también se llega a legislar sobre un cambio de los sistemas actuales de sacrificio en los mataderos.
3. El traslado de estos incrementos de costes a los precios de las canales o los despieces en los mercados, si bien podría llegar a reducir ligeramente el consumo de carne de pollo, teniendo en cuenta que ésta siempre se hallará con ventaja en comparación con cualquiera de las otras carnes, creemos que a largo plazo apenas resultará afectado.

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