Editorial: La influencia de la influenza

Como podrán ver nuestros lectores por la noticia que insertamos en este número sobre unos contagios de la influenza aviar – IA – entre humanos –-, ahora, uniéndose a los efectos “pandémicos” de la Covid-19, ya tenemos un nuevo motivo de preocupación y, en este caso, aparentemente, bajo nuestra responsabilidad.

Nos referimos concretamente al hallazgo del virus de la IA en varios trabajadores de una granja del sur de Rusia, afectados por la cepa H5N8 de la misma que había tenido un brote de ésta el pasado diciembre. Y aunque todos ellos fueran asintomáticos y se hubieran recuperado plenamente, la alarma ya había sonado, recordándonos episodios similares del pasado y especulándose sobre la posibilidad de que, cual nueva pandemia, ello se propagara a nivel mundial, con las previsibles y aterradoras consecuencias para la salud humana, pero en este caso atribuibles a nuestro sector.

De ahí que, al mismo tiempo que damos noticia del hecho, también queremos recordar algunos aspectos en torno a esta posible transmisión de la IA del ave al ser humano y lanzar, por último, una seria advertencia a todo el sector en cuanto a las responsabilidades que le incumben.

En lo referente al pasado, la cita obligada es Hong Kong, en 1997, por el hallazgo de la cepa H5N1del virus de la IA, primero en un niño y casi inmediatamente en otras varias personas, infectadas a través de los mercados de aves vivas en esta ciudad, que aquel año, precisamente, volvía a ser parte de China. Y luego, otros casos en humanos han ido acaeciendo en algunos países africanos y del sudeste asiático en los años siguientes, aunque afectando a muy aisladas personas en contacto con aves enfermas, finalizando – que nosotros sepamos – con el fallecimiento de un veterinario, en Holanda, en 2007, aunque éste ya se hallara afectado previamente por ciertas dificultades respiratorias.

Ante este panorama, hemos de recordar que los contagios de IA siempre se han dado entre ave y persona, no entre persona y persona, lo que hace que la posibilidad de que el problema se convierta en una pandemia es muy remota. Sin embargo, ello no exime a los productores avícolas de su responsabilidad en:

  • extremar todas las medidas habituales de bioseguridad, sin temor a exagerar, hasta “desinfectando” el móvil, si es preciso,
  • creer que con tener a las aves encerradas ya es suficiente – en España, uno de los escasos episodios de IA ocurrió en una nave de reproductores pesados … y con ello ya está todo dicho, ¿no?,
  • concienciarse de que cualquier brote de IA en una granja puede ser motivo no ya solo de un sacrificio obligado de todas las aves de ella sino de la cuarentena preceptiva en la comarca y hasta del cierre de las exportaciones avícolas del país.

En medio de esta situación, nuestra esperanza es que en la actualidad todos estamos muy bien informados, aunque el riesgo “cero” no existe y, si no, que lo digan a quienes han pasado por la Covid …..

 

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