Los animalistas y sus públicos

Cada poco alguna organización que se autodenomina defensora de los animales difunde una “investigación encubierta” en la que denuncia las condiciones “inhumanas” de los animales en las granjas y pretende demostrar que esa es la situación general en todas ellas.

Con esta estrategia quieren dejar en evidencia no solo al productor señalado, sino al sector ganadero en general, al que desean un futuro poco halagüeño. Para alcanzar ese objetivo, los activistas contra la ganadería se sirven de otros públicos que colaboran en la tarea:

  • Los detallistas, especialmente señalados en las campañas de los animalistas para que eliminen los huevos de jaulas de sus estanterías. Atacan a la reputación de las empresas, asociándolas con imágenes de maltrato hasta que, por lo general, las “peticiones” animalistas son atendidas. Así cambia la oferta del mercado (y se traduce como “la demanda del consumidor”) por la vía de los hechos. Y las cadenas se permiten presumir de una política de responsabilidad social corporativa que mejora su imagen pública y parece auténtica.

 

  • Las administraciones, a las que piden legislar la prohibición de las jaulas. La aprobación de la iniciativa “Acabar con la era de las jaulas” es solo el principio de otras campañas que promoverán cambios relevantes en la producción y bienestar animal y la dieta humana. La petición de que los comedores escolares y las compras públicas de alimentos sigan una política de “huevos sin jaulas” y de “lunes sin carne” son los pasos previos para avanzar en el camino trazado por los abolicionistas sobre el consumo de alimentos de origen animal. Por otro lado, los afectados y las autoridades españolas son testigos pasivos de los ataques de activistas contra las granjas y otras empresas (entradas en instalaciones, “liberación de animales”, “investigaciones encubiertas”, vigilias y concentraciones abolicionistas…) que interfieren en la actividad legal de los operadores y acceden a alojamientos ganaderos saltándose las medidas de bioseguridad con impunidad manifiesta.

 

  • Los medios de comunicación, que muchas veces replican las notas que les llegan de las organizaciones animalistas sin contrastar las denuncias y afirmaciones vertidas. Es el periodismo de lo inmediato, del comentario rápido en redes y medios digitales. De la publicidad apoyada en titulares y noticias “bomba”. Y si además se alinean con las tendencias sociales del momento (entre ellas, el bienestar animal), mejor aún. No se profundiza en lo que parece evidente para un lector poco avisado.

 

  • Las redes sociales, que replican y amplifican los comentarios de animalistas y ciudadanos que simpatizan con su causa, generando un debate en términos más emocionales que racionales y que despierta el interés por la causa animalista, sobre todo en los usuarios más jóvenes y urbanitas. Los que ven en cada gallina, conejo, vaca o cerdo una mascota y no un animal de producción.

 

  • Los consumidores, a los que advierten de la “peligrosidad” de los alimentos que compran procedentes de la denominada “ganadería industrial”, tratando de minar la confianza en el sistema alimentario de la Unión Europea. Y que, tras las iniciativas de los detallistas, las noticias de los medios, la pasividad de las administraciones, las consignas en redes y el creciente interés social por el animalismo, terminan tomando decisiones basadas más en la prudencia y el miedo que en su convicción verdadera de promover el bienestar de los animales al precio que sea.

 

  • Los productores trabajan para atender las demandas de los consumidores. Desafortunadamente, éstos son cada vez más permeables a las iniciativas animalistas, que les llegan por muy diversos canales. Hay que contar con ello en las decisiones de futuro. Y convertirnos también en público de los animalistas. O combatir su estrategia.

 

María del Mar Fernández Poza
Directora de ASEPRHU

 

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