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Otra vez ha vuelto a pasar. Mala praxis profesional, unos empleados incompetentes cuando no, lisa y llanamente, sádicos, y una imágenes grabadas con cámara oculta. El consumo de carne es un acto de salvajismo. Este es el mensaje. Sin matices y sin objeción alguna. La industria cárnica francesa ya habrá tomado nota. Esperemos que la española no tarde.
Una asociación animalista francesa, L214, entre cuyos objetivos está «demostrar el impacto negativo del consumo de productos animales, terrestres o acuáticos, y proponer alternativas» ha conseguido que la Asamblea Nacional de Francia (El equivalente del Congreso español) constituya, a instancias del grupo parlamentario RRDP (Radical, republicano, demócrata y progresista), una comisión de investigación sobre las condiciones en las que se trabaja en los mataderos franceses.

Con independencia de los resultados de dicha comisión, el daño para el conjunto del sector de la producción animal ya está hecho. L214 ha sacudido las redes sociales, los medios de comunicación, franceses, pero también españoles, ergo, las consciencias de los ciudadanos y de los políticos, con diversos vídeos bien realizados en los que se muestran imágenes procedentes de cámaras ocultas en tres mataderos franceses, Alès, Le Vigan y Mauléon-Licharre. Dos de ellos con certificado de producción «Bio».

Los vídeos, que en pocas semanas ya rozan los tres millones y medio de visualizaciones en You Tube, combinan escenas de evidente mala praxis profesional, en las que se aprecia el incorrecto uso del material de aturdido previo, como pistolas y bastones eléctricos, o canales de paso inapropiados para las dimensiones de una res, con escenas de un visible salvajismo por parte de algunos operarios hacia el ganado. Salvajismo explícito mediante el maltrato a diversos animales, en algún caso involuntario pero también voluntario, como son las escenas en las que a algunas ovejas se les aplican injustificadas descargas eléctricas entre crueles risas, violentísimos lanzamientos y hasta gratuitos puñetazos en medio de charcos de sangre. Hasta aquí el relato visual: la denuncia, más o menos objetiva, de casos de maltrato animal.

La legislación francesa dirá. Por lo pronto, el alcalde de Mauléon-Licharre ha ordenado el cierre indefinido, «como medida de precaución”, del matadero de la localidad a la espera de una investigación. Una decisión que ha precedido a la del Ministro de Agricultura, Stéphane Le Foll, quién  ordenó anteayer la clausura de la instalación y la realización de inspecciones en el plazo de un mes en todos los mataderos del país para evaluar el grado de «protección de los animales”.

Las piezas audiovisuales finalizan con declaraciones de portavoces de la organización L214. Todas incluyen la homilía moral sobre la supuesta e incompatible dicotomía entre consumo de carne y productos de origen animal. El discurso es obvio: comes carne, ergo eres responsable del «asesinato» de estos animales. La demagogia que no solo de entrada, sino de nuevo al cierre del terrible espectáculo visual, nos recuerda la incompatibilidad más absoluta entre la existencia de la industria cárnica y el «amor a los animales».

 

¿Denuncia o otra campaña animalista?

Gráfico que ilustra las búsquedas en Google Francia del término «abattoir» (matadero) el día de la publicación del segundo vídeo

La campaña ha sido un éxito; éxito que evidencian las visualizaciones y búsquedas del segundo vídeo en la red desde que se subió a You Tube. Pero también supone para L214 un éxito de movilización social.

La propuesta de creación de la comisión parlamentaria se presentó un día después del segundo vídeo, el 24 de febrero, con el respaldo de 145.000 firmas recogidas por L214. Para respaldar esta petición la organización animalista acaba de añadir los datos provenientes del último Eurobarómetro analizando las actitudes de la ciudadanía europea en relación al bienestar animal. Así, y según éstos, el 98% de los franceses consideran que el bienestar de los animales de granja es un tema “importante” o “muy importante” y que para el 88% de la población gala el bienestar de estos animales «debería estar mejor protegido». Los datos del Eurobarómetro, no obstante, incorporan otros datos que son soslayados por L214. Por ejemplo, que mientras el 65% de los franceses estaría dispuesto a pagar por este tipo de producción hasta un 5% más, un 29% no está dispuesto a pagar más por productos provenientes de sistemas respetuosos con el «bienestar animal».

 

Vacuno, ovino, porcino, avicultura… ¿El próximo?

En definitiva, estamos inmersos en un contexto en el que las redes sociales e Internet tienen la capacidad para movilizar a millones de personas en pocas horas. Sin reparo alguno en el daño que pueda hacerse sobre sectores que, en su conjunto, trabajan correctamente, cumplen las normativa, son respetuosos con el bienestar animal y que dan empleo a millones de personas. El caso de Francia solo es el enésimo. You Tube es un auténtico filón donde conviven productos más o menos elaborados, incluso con cierta base para la denuncia, con burdas piezas que, pese a su ínfima calidad acumulan miles de visionados. Y seguimos sin aprender. El sector de la producción animal, del vacuno al porcino, del bovino a la avicultura de carne o de puesta, sigue trabajando como si la sociedad no hubiera cambiado y no tuviera acceso a determinada información y tecnologías. ¿Cuántas empresas cárnicas o mataderos no tienen todavía incorporados códigos de conducta de estricto cumplimiento para sus empleados? ¿Cuántos mataderos se han planteado alguna vez una jornada de puertas abiertas a los medios de comunicación? ¿Cuántos trabajadores descontentos con la empresa siguen accediendo a diario a sus puestos de trabajo con un teléfono capaz de grabar en 4k? Lo de Francia es un caso más, mañana volverá a pasar, ya sea en España o en otras partes del mundo y nuestro sector todavía no ha entendido que seguimos en época de brujas. Y la gente siempre preferirá un buen cuento de brujas a estar bien informado.

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